El Atleti salió, no sé si con miedo, pero muy atrás, especulando demasiado y muy nervioso. Turan lo individualizó - quizá la segunda amarilla se la podía haber ahorrado, pero es muy clara-, sólo hay que ver cómo se fue a por el árbitro cuando le expulsaron.
Griezmann se posicionaba como un centrocampista más, donde lo hace habitualmente Koke. Hacía que las posibles prolongaciones de Mandzukic no valiesen para nada. El francés no consiguió hacer nada lo que jugó.
La posición de Ramos era para hacer la función de Isco cuando está Marcelo; colocarse detrás de él, tapando las subidas. En eso Carvajal no es como el brasileño, ya que no participa, ni de lejos, de la misma manera en la construcción. Eso sí, ayudó a que se hiciera por esa banda y el canterano no estuviera tan pendiente de lo que dejaba a su espalda. El de Camas no destacó ni falló, simplemente cumplió con su cometido. Por supuesto, con un rendimiento muy inferior al habitual.
Saúl descolocado con tanto centrocampista, y con muchas pérdidas en la entrega. Salió su vena de ex-central rayista.
El Atlético apenas cruzaba el medio campo, y llegar al área contraria mucho menos. Defiende muy bien, quizá en eso sea el mejor del mundo, pero no puedes esperar que en 180 minutos el Madrid no te marque un gol, más la prórroga. Eso sí, ha mejorado desde la final de Champions.
El cambio de Gabi por Saúl supondría mayor consistencia defensiva -más aún- y sobre todo oficio, algo que parecía no faltar, y no aportó mucho al equipo, si acaso evitar que uno de los fallos que había repetido Saúl provocara un gol.
Gámez muy bien en defensa, atacando ausente, como es normal. Aparte de mi teoría de los laterales izquierdos, no llevó a cabo una contra por ser precisamente diestro, ya que se tuvo que parar. Es un arma a la hora de sacar de banda. Ayer, sacó incluso los de la banda derecha próximos al área rival.
Otro cambio, el de Raúl García por Griezmann. El equipo parecía seguir sin descomponerse, pero Simeone buscaba otro guerrero o juego aéreo. Cierto que el francés no había hecho nada, pero es que apenas pudo pasar del centro del campo. Aún así, es muy raro quitar a tu hombre más peligroso.
James estuvo durante todo el partido muy bien, muy activo y con muchas ganas. Chicharito aún más, nervioso, tanto que se precipitaba a menudo y eso le hizo fallar varias ocasiones claras. Pero fue el mejor, el que creó más peligro y el que más se merecía el premio del gol, más teniendo en cuenta la temporada que llevaba. Isco sólo apareció algo en la segunda parte. Lo mejor, un pase extraordinario al área al mexicano. Está sin velocidad.
Exceptuando algún acercamiento de Mandzukic -que aun así, estuvo desaparecido- y algo de Koke, sobre todo un disparo lejano, el Atlético de Madrid no creo ningún peligro.
El último cambio del Cholo fue el de Giménez por Tiago casi al final de los noventa minutos. No le encuentro ninguna explicación. Quitar a Tiago es quitar consistencia en el medio campo, y Godín y Miranda se estaban apañando muy bien en defensa para necesitar a otro hombre. Y más teniendo en cuenta que era el último y se necesitaba un gol. El que sí marcó el Real Madrid puede que fuese la prueba de ello. Godín salió a por Cristiano que, con el apoyo de James con una pared, se internó desde la derecha, cediéndosela a Chicharito para que marcara. Demasiada precipitación en todos los defensas, incluso en el portero, que había realizado unas cuantas buenas paradas. Fueron demasiado pronto al suelo. Estaban bien colocados, incluso Juanfran cerrando la espalda del tercer central, pero no supieron o pudieron evitar el gol. Y en el minuto 88'.
El Atleti intentó empatar pero, obviamente, era ya muy tarde. Especuló y especuló hasta que le marcaron, cuando ya no se podía hacer nada.
Mostrando entradas con la etiqueta Ancelotti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ancelotti. Mostrar todas las entradas
jueves, 23 de abril de 2015
El Derby europeo
miércoles, 9 de abril de 2014
El árbol de navidad cae en Dortmund
Ayer, dos cosas hicieron que el Borussia Dortmund bajara la intensidad y se quedara con dos goles en el marcador.
La primera, y posiblemente la más importante, es el cansancio. La primera parte que hicieron los de Klopp fue bestial, implantando un ritmo incesante que les pasó factura a mediados de la segunda.
La segunda circunstancia, es los cambios de Ancelotti. El primero fue el de Isco por Illarramendi. Pocos estarían en desacuerdo ya que, el vasco había cometido unos cuantos errores, uno de ellos costó el segundo gol de Reus. Esto provocó que Di María atrasara su posición al mediocentro para no perder el trivote paralelo en ese lugar del campo. Isco, el jugador número 12, por lo menos desde la lesión de Jesé, aportaría lo que precisamente le faltaba al Madrid: control del ritmo del partido. Xabi Alonso, desde su lesión de pubalgia ha bajado mucho su rendimiento y Modric no es el de casi toda la temporada; un box to box que creaba igual de bien que destruía. Sin hacer nada del otro mundo, el de Arroyo de la Miel cogía el balón, paraba el ritmo, oxigenaba y pasaba a quien estaba sin ningún rival cerca y le diese tiempo de pensar lo suficiente para no perder el balón. Eso que tan extraño parecía en la primera parte. El segundo cambio, ya en el 73, fue Casemiro por Di María. Con Xabi fundido y Modric medio desaparecido se necesitaban pulmones. Casemiro, ese jugador que maravilló en la pretemporada y que posiblemente jugó más entonces que en las competiciones oficiales. Fue una bocanada de aire fresco en los últimos quince minutos a pesar de hacer que el equipo se fuese un poco más atrás. El tercero fue con el 90 cumplido. A Ancelotti no se le ocurrió otra cosa que quitar a Benzema para poner a Varane. Si el Borussia hubiera metido el tercer gol dando paso a la prórroga a ver cómo hubieran resistido atacando con tan sólo Isco y Bale.
Hablemos de la disposición táctica del Madrid, es decir, del árbol de navidad. Yo juraría que al comienzo de temporada no se jugaba así, y que empezó cuando el entrenador publicó el libro con ese mismo título: "Mi árbol de navidad". Es decir, el 4-3-2-1. Cuatro defensas, lo normal, dos centrales y un lateral por cada lado. Tres centrocampistas, en realidad, tres mediocentros literales, es decir, sin interiores, aunque se coloquen en los lados, pero sin alejarse demasiado del mediocampo. Dos extremos en la línea de mediapuntas, porque en ningún momento son mediapuntas, se puede decir que en ningún momento unen los mediocentros con los delanteros, y apenas se alejan de la banda si no es para entrar en el área. Y un punta. Olvidemos la línea defensiva y comencemos por la línea de mediocentros. Ni inician la presión, porque los tres de arriba no lo hacen, simplemente esperan a que lleguen a su posición para hacerlo. Y muy a menudo se repliegan casi hasta llegar a la línea de zagueros. Tanto que Xabi Alonso ha vuelto a parecer un tercer central, de lo que se coloca entre ambos, ya sea para sacar el balón o para defender. Esto provoca que el rival tenga hasta por lo menos el medio campo para pensar, con lo que con un pase en largo a la espalda de los defensas cause problemas. Al no haber un mediapunta, el mediocentro no tiene ninguna oposición para crear, además de no tener a nadie a quien defender, así se dedica a ayudar a sus compañeros.
Y ahora hablemos de atacar. A pesar de las tres balas que suele tener arriba (Benzema, Bale y Cristiano), el Madrid la saca tocando desde la defensa. Son jugadores con muy buen toque de balón, pero si te presionan desde la defensa es fácil que pierdan el balón. Illarra, quizás sin tan bueno como el resto de sus compañeros, y que no suele jugar, tuvo varios fallos importantes. Di María, que siempre ha jugado de extremo, con la lesión de Khedira, se coloca en la línea de tres. Si mira para arriba va muy bien, pero como tenga que mirar hacia atrás, puede tener problemas. Además de su nerviosismo en el campo, que en la banda le viene como anillo al dedo pero a la hora de crear no es una virtud. Por lo tanto, el Madrid siempre avanza por las bandas, con ayuda de los laterales que conectan con los extremos o que hacen que estos puedan meterse en el área: todos conocemos la habilidad de Carvajal para subir la banda y Coentrao, si está bien, cumple, tanto arriba como abajo, pero en el club blanco todavía no ha terminado de demostrar nada. Siempre se echa de menos la bendita anarquía de Marcelo donde, en la actual táctica, suele estar más adelantado que el propio Di María. Pero sin nadie por el centro. Benzema a veces hace esa función. El francés no es un 9 puro, ni mucho menos, y le gusta tocar el balón, asociarse y moverse, mucho más que rematar. Precisamente lo mejor que tiene de cara al gol es el disparo desde el borde del área, incluso más que el propio remate. Ha mejorado en la labor, pero es un futbolista que piensa más en el pase que en el gol, no es un depredador del área y eso es muy difícil cambiarlo, por mucho Mourinho o Zidane que estén a su lado. Provoca muchas ocasiones de gol, fallando la mitad de oportunidades. O más. Y eso en el Madrid pesa mucho para ser la referencia ofensiva del equipo. Se le puede disculpar con que es muy difícil ser el goleador con Cristiano Ronaldo al lado, pero cuando el portugués no está tampoco varía en demasía su rendimiento. Como ayer.
La pérdida del 4-2-3-1, es decir, quitar un mediocentro para colocar a un mediapunta detrás del punta, provoca que se acule más el equipo, tenga mejor guardadas, a priori, las espaldas, y que se acumule mayor número de jugadores atrás. Pero poco más. Aleja a los tres de arriba del resto del equipo, poniendo a siete jugadores por detrás del balón, tanto para defender como para atacar, dejando treinta metros de campo sin ocupar. Ese mediapunta conectaba, enlazaba los mediocentros con los delanteros, y más si se tiene a alguien como Isco para hacerlo. (Soy subjetivo con este jugador, pero si se colocase a otro jugador ahí, por ejemplo Modric, daría un resultado parecido). Además que provoca más variantes y situar mejor a los jugadores, facilitando la asociación (tan necesaria para Benzema) y abriría más huecos para Cristiano, Di María y Bale.
La primera, y posiblemente la más importante, es el cansancio. La primera parte que hicieron los de Klopp fue bestial, implantando un ritmo incesante que les pasó factura a mediados de la segunda.
La segunda circunstancia, es los cambios de Ancelotti. El primero fue el de Isco por Illarramendi. Pocos estarían en desacuerdo ya que, el vasco había cometido unos cuantos errores, uno de ellos costó el segundo gol de Reus. Esto provocó que Di María atrasara su posición al mediocentro para no perder el trivote paralelo en ese lugar del campo. Isco, el jugador número 12, por lo menos desde la lesión de Jesé, aportaría lo que precisamente le faltaba al Madrid: control del ritmo del partido. Xabi Alonso, desde su lesión de pubalgia ha bajado mucho su rendimiento y Modric no es el de casi toda la temporada; un box to box que creaba igual de bien que destruía. Sin hacer nada del otro mundo, el de Arroyo de la Miel cogía el balón, paraba el ritmo, oxigenaba y pasaba a quien estaba sin ningún rival cerca y le diese tiempo de pensar lo suficiente para no perder el balón. Eso que tan extraño parecía en la primera parte. El segundo cambio, ya en el 73, fue Casemiro por Di María. Con Xabi fundido y Modric medio desaparecido se necesitaban pulmones. Casemiro, ese jugador que maravilló en la pretemporada y que posiblemente jugó más entonces que en las competiciones oficiales. Fue una bocanada de aire fresco en los últimos quince minutos a pesar de hacer que el equipo se fuese un poco más atrás. El tercero fue con el 90 cumplido. A Ancelotti no se le ocurrió otra cosa que quitar a Benzema para poner a Varane. Si el Borussia hubiera metido el tercer gol dando paso a la prórroga a ver cómo hubieran resistido atacando con tan sólo Isco y Bale.
Hablemos de la disposición táctica del Madrid, es decir, del árbol de navidad. Yo juraría que al comienzo de temporada no se jugaba así, y que empezó cuando el entrenador publicó el libro con ese mismo título: "Mi árbol de navidad". Es decir, el 4-3-2-1. Cuatro defensas, lo normal, dos centrales y un lateral por cada lado. Tres centrocampistas, en realidad, tres mediocentros literales, es decir, sin interiores, aunque se coloquen en los lados, pero sin alejarse demasiado del mediocampo. Dos extremos en la línea de mediapuntas, porque en ningún momento son mediapuntas, se puede decir que en ningún momento unen los mediocentros con los delanteros, y apenas se alejan de la banda si no es para entrar en el área. Y un punta. Olvidemos la línea defensiva y comencemos por la línea de mediocentros. Ni inician la presión, porque los tres de arriba no lo hacen, simplemente esperan a que lleguen a su posición para hacerlo. Y muy a menudo se repliegan casi hasta llegar a la línea de zagueros. Tanto que Xabi Alonso ha vuelto a parecer un tercer central, de lo que se coloca entre ambos, ya sea para sacar el balón o para defender. Esto provoca que el rival tenga hasta por lo menos el medio campo para pensar, con lo que con un pase en largo a la espalda de los defensas cause problemas. Al no haber un mediapunta, el mediocentro no tiene ninguna oposición para crear, además de no tener a nadie a quien defender, así se dedica a ayudar a sus compañeros.
Y ahora hablemos de atacar. A pesar de las tres balas que suele tener arriba (Benzema, Bale y Cristiano), el Madrid la saca tocando desde la defensa. Son jugadores con muy buen toque de balón, pero si te presionan desde la defensa es fácil que pierdan el balón. Illarra, quizás sin tan bueno como el resto de sus compañeros, y que no suele jugar, tuvo varios fallos importantes. Di María, que siempre ha jugado de extremo, con la lesión de Khedira, se coloca en la línea de tres. Si mira para arriba va muy bien, pero como tenga que mirar hacia atrás, puede tener problemas. Además de su nerviosismo en el campo, que en la banda le viene como anillo al dedo pero a la hora de crear no es una virtud. Por lo tanto, el Madrid siempre avanza por las bandas, con ayuda de los laterales que conectan con los extremos o que hacen que estos puedan meterse en el área: todos conocemos la habilidad de Carvajal para subir la banda y Coentrao, si está bien, cumple, tanto arriba como abajo, pero en el club blanco todavía no ha terminado de demostrar nada. Siempre se echa de menos la bendita anarquía de Marcelo donde, en la actual táctica, suele estar más adelantado que el propio Di María. Pero sin nadie por el centro. Benzema a veces hace esa función. El francés no es un 9 puro, ni mucho menos, y le gusta tocar el balón, asociarse y moverse, mucho más que rematar. Precisamente lo mejor que tiene de cara al gol es el disparo desde el borde del área, incluso más que el propio remate. Ha mejorado en la labor, pero es un futbolista que piensa más en el pase que en el gol, no es un depredador del área y eso es muy difícil cambiarlo, por mucho Mourinho o Zidane que estén a su lado. Provoca muchas ocasiones de gol, fallando la mitad de oportunidades. O más. Y eso en el Madrid pesa mucho para ser la referencia ofensiva del equipo. Se le puede disculpar con que es muy difícil ser el goleador con Cristiano Ronaldo al lado, pero cuando el portugués no está tampoco varía en demasía su rendimiento. Como ayer.
La pérdida del 4-2-3-1, es decir, quitar un mediocentro para colocar a un mediapunta detrás del punta, provoca que se acule más el equipo, tenga mejor guardadas, a priori, las espaldas, y que se acumule mayor número de jugadores atrás. Pero poco más. Aleja a los tres de arriba del resto del equipo, poniendo a siete jugadores por detrás del balón, tanto para defender como para atacar, dejando treinta metros de campo sin ocupar. Ese mediapunta conectaba, enlazaba los mediocentros con los delanteros, y más si se tiene a alguien como Isco para hacerlo. (Soy subjetivo con este jugador, pero si se colocase a otro jugador ahí, por ejemplo Modric, daría un resultado parecido). Además que provoca más variantes y situar mejor a los jugadores, facilitando la asociación (tan necesaria para Benzema) y abriría más huecos para Cristiano, Di María y Bale.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)